Violencia en el trato, afianza problemas de conducta a quienes lo sufren.

Estamos acostumbrados a asociar violencia con agresividad física; pero también, existe la agresión verbal, que es igualmente, una forma de violencia muy dañina. 


Cuando nos referimos a violencia verbal, estamos hablando de varias manifestaciones; una de ellas es referida al tono: gritar o hablar muy fuerte en forma imperativa, o incluso hablar de modo irónico o sarcástico, la burla. Pero también existe violencia en el contenido de muchas expresiones verbales, aunque sean en tonos normales: desde las amenazas, insultos, degradación, desvalorización, hasta la crítica constante… son mensajes que buscan herir al otro. 


Por ejemplo, cuando una persona le habla a otra descalificándola, es una forma de agresión verbal; hemos escuchado muchas veces relatos como: “no sirves para nada” ,“nunca haces nada bien”, “eres un desastre”, “eres un burro”, “eres una inútil” u otra serie de expresiones verbales, que atacan a la persona en su totalidad y hacen un juicio sobre ella. 

Una cosa es estar en desacuerdo con una conducta y otra, es hacer un juicio sobre la persona en relación a esa conducta. Es muy distinto que alguien diga: “no me agrada como hiciste x cosa”, a decirle que no sirve para nada. O por ejemplo, un padre/madre que le dice a su hijo: “te fue mal en x materia… veamos un profesor que te ayude a entender”, a decirle que es un “burro” porque le fue mal; son formas completamente distintas. 
No es lo mismo comunicar de manera directa y puntual un hecho, e incluso buscar una solución, que hacer una valoración general y negativa de todo el individuo en base a ese hecho. Atacar la autoestima de la persona, la hace sentir insegura, con poco valor.  


Todas las formas de violencia dejan secuelas. La violencia verbal no es tan notoria para los demás, como para quien la vive. A un tercero puede pasarle desapercibida ya que en general, no es mostrada delante de otras personas, sino en la intimidad. Muchas veces la violencia verbal tiende a tomarse como algo común o un pequeño conflicto entre las personas involucradas. Si no pasa a mayores, es decir si no se intensifica el nivel de violencia, lo más probable es que pase desapercibido: se empieza a naturalizar y se incorpora como rutinario. 


Sin embargo, esta clase de maltrato, va haciendo mella en la persona maltratada a nivel psicológico: su autoestima es dañada cada vez más… su salud mental empieza a estar en riesgo. Y por ende, la relación entre estas personas comienza a ser tóxica, se lastima al otro y a la relación que los une. 

La violencia de tipo verbal puede ser ejercida tanto por hombres, como por mujeres. En este sentido no se hace diferencias por género, ni por edad tampoco. Cuando la violencia se da en una familia, se encuentra expuesta no solo a la víctima, sino también a todos los demás integrantes de la misma… repercute con consecuencias a todo nivel. 

Una persona que ha sido víctima de violencia verbal durante un buen tiempo, tiende a incorporar ese tipo de maltrato. Las víctimas se acostumbran a ser tratadas de esa forma y lo encuentran normal, de esta manera se suele repetir el patrón. Por ejemplo, una persona que sufrió violencia verbal en su infancia por parte de sus padres, luego lo suele experimentar de sus parejas también. Al naturalizarlo, cree que es algo que debe tolerar

La violencia verbal puede o no ser preludio de la violencia física; hay personas que dicen que jamás fueron violentas porque solo reconocen o asocian la violencia con la experiencia del maltrato físico… no registran el maltrato psicológico como violencia y se escudan en eso en forma equivocada. La persona canaliza su agresividad en esta otra forma de manifestación, en que su consecuencia no la ve reflejada tan inmediatamente como puede ser un golpe físico; pero muchas veces llega a tener hasta peor efecto… genera múltiples consecuencias en quien la recibe. Es como la gota que atraviesa la piedra, solo que muchas veces la personalidad de estas víctimas justamente no es de piedra precisamente, ya que lo que les cuesta es poner el límite a estas situaciones, dañándose emocionalmente. 

Hay personalidades más propensas a tolerar esto, por ejemplo las personalidades dependientes: toleran lo que sea con tal de no ser dejadas… creen que solas no van a poder subsistir, que no cuentan con los recursos necesarios para enfrentar la vida sin alguien más fuerte en quien apoyarse. Esa creencia las hace estar pendientes de querer complacer al otro del cual dependen. 

La violencia no solo se da en la pareja, también se da en todo tipo de ámbitos: en las familias, en el trabajo, en la educación (como en los colegios o liceos (bullying)), incluso en amistades. Siempre que haya personas con algún tipo de vínculo, puede darse en todos los grupos humanos.

Cuando haya intención de alguien de forzar directa o indirectamente  a otras personas a obrar contra su voluntad, o que consienta algo que no desea y le genere daño moral a otra persona, o a sus bienes o a sus ideas de valor, se trata de violencia. 

Hay que ser consciente que este tipo de situaciones no se deben tolerar: el afectado debe alejarse de estas personas en la medida de lo posible o detener el comportamiento, nunca aceptarlo: no normalizar la violencia.  

Siempre está el camino de la asertividad para resolver las diferencias entre las personas, el diálogo y los acuerdos. También entender que no se puede forzar a nadie a aceptar nada por medio de la violencia: uno puede mostrar su punto de vista, argumentar a favor de lo que cree, pero no imponer su voluntad por medios violentos de ningún tipo.

Fuente: www.comunamujer.com