Un bebé de seis meses muere tras el naufragio de su patera en el Mediterráneo

“¿Dónde está mi bebé?, ¡No sé dónde está mi bebé!, ¡Ayudadme!, ¡He perdido a mi bebé!”. Los gritos de una madre que tras ser rescatada en mitad del Mediterráneo buscaba a su hijo Joseph han marcado la última misión de del buque español Open Arms. La mujer miraba a la cámara y a los rescatistas desencajada en busca de una respuesta, mientras las aguas removían los restos de la patera donde viajaban 117 personas. La frágil embarcación llevaba horas a la deriva y su suelo deshizo como la mantequilla cuando los rescatistas la abordaron para colocar los chalecos y las mascarillas a los náufragos. Decenas de personas acabaron al agua presas del pánico. Cinco de ellas perdieron la vida en el naufragio. El pequeño Joseph fue finalmente rescatado, pero los médicos de la tripulación no lograron reanimarlo.

El niño, nacido en Guinea Conakri, se convirtió con medio año de vida en la sexta víctima mortal de una jornada fatídica en la que la organización Open Arms llevó a cabo tres rescates. Entre la noche de este martes y la de este miércoles la tripulación del buque consiguió salvar a 257 personas que intentaban alcanzar Europa a través del Mediterráneo Central, que baña las costas de Malta e Italia. Además de los seis migrantes fallecidos, la Guardia Costera italiana evacuó a otras seis personas que fueron atendidas de emergencia en un hospital de Malta.

La primera operación de la misión 78 del Open Arms comenzó al caer la tarde de este martes. Una barca neumática con la proa deshinchada que llevaba más de 20 horas a la deriva y que cargaba a 88 personas fue rescatada por el buque humanitaria. Unas horas después, un avión de Frontex, la agencia europea de control de fronteras, que sobrevolaba la zona alertaba por radio al Open Arms de la presencia de otra barcaza a 70 millas náuticas (112 kilómetros) de las costas libias. Sin embargo, la noche oscurecía las aguas y la búsqueda se tuvo que posponer.

Al alba del miércoles, las dos lanchas rápidas de rescate del buque partieron en busca de la embarcación y tras hallarla unas horas después se encontraron con una situación difícil: el suelo de la neumática en la que viajaba el pequeño Joseph hacía aguas. Mientras los rescatistas colocaban chalecos a los náufragos, el suelo de la barca se partió en dos. Hasta 111 personas pudieron salir del agua y llegar a salvo al barco de la ONG, pero cinco no lo lograron. “Si la embarcación hubiese aguantado 10 segundos más Joseph no habría muerto porque era el siguiente en ser rescatado”, ha lamentado el jefe de la misión David Lladó. Entre las víctimas había una madre con su hija de seis años. La pequeña pudo llegar a los brazos de su padre, pero la madre no. “Por suerte cuando la barca se partió todos los ocupantes ya tenían chaleco salvavidas, si no tendríamos que lamentar aún más muertes”, ha contado la portavoz de la ONG.

La Guardia Costera Italiana, tras recibir la solicitud de ayuda, envió un helicóptero para transportar a las personas en estado grave a un hospital en Malta. Llegaron horas después, cuando ya había caído la noche del miércoles, y evacuaron a seis migrantes entre ellos la madre de Joseph con el cuerpo de su bebé. La noche fue larga y el buque volvió a recibir la alerta de otra embarcación cercana a la zona donde se encontraban. Un nuevo rescate salvó la vida de otros 64 migrantes que se sumaron a los que ya estaban a bordo.

El Open Arms navega ahora con 257 personas rescatadas, cinco cadáveres y los 19 miembros de la tripulación. Están a la espera de que más personas sean evacuadas este jueves por la Guardia Costera italiana, entre ellos la niña que perdió a su madre y su padre, dos mujeres embarazadas y un joven con quemaduras graves en un 20% de su cuerpo. El barco aguarda un puerto seguro en el que desembarcar. Para Óscar Camps, director y fundador de la ONG, los números importan poco “cuando tienes el cuerpo a lado”. “Tenemos a todo mundo en estado de shock con un naufragio de estas dimensiones, nuestros propios socorristas quedaron bastante afectados”, ha contado Camps a EL PAÍS. La organización señala que en esta ocasión los trámites para las evacuaciones médicas y un posible desembarco están siendo más rápidos de los habitual y confía en que esta vez su rescate no derive en una crisis humanitaria y puedan desembarcar en el plazo de unos pocos días.

Las tres operaciones se llevaron a cabo en aguas internacionales, en la zona de búsqueda y rescate atribuida a Libia, un Estado fallido y en guerra. Camps mantiene “que la capacidad de los libios es muy limitada” y “tienen ciertas dificultades para llegar a esas distancias”. Además, añade, “pocas veces se obtiene una respuesta por su parte”.

El flujo de migrantes que se lanzan al mar para intentar alcanzar las costas europeas se ha mantenido con la pandemia, aunque las cifras hayan experimentado una caída respecto al año pasado. Este año, la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) ha registrado 72.669 llegadas de migrantes a través del Mediterráneo y el Atlántico, frente a las 123.663 de 2019. España mantiene el número más alto de llegadas (31.409), seguida de Italia (30.147) y Grecia (14.400). No todos los cruces son exitosos, según la Organización Internacional para las Migraciones se han registrado ya 795 muertes de personas que intentaron alcanza Europa. Este número no incluye los 492 fallecidos o desaparecidos que la organización ha contabilizado en la ruta atlántica que lleva a Canarias.

Fuente: elpais.com