Tiempos recios

Vladimiro Montesinos, que fue acusado de tantas cosas, pero jamás de tonto, sabía que para mantenerse en el poder más allá del año 2000 necesitaba mantener su alianza con las Fuerzas Armadas y copar ciertos circuitos en ciertas instituciones públicas claves. No necesitaba ni partido, ni votos de una mayoría popular. Eso era irrelevante. Lo que requería era controlar el entonces Consejo Nacional de la Magistratura.

Con ello controlaba la Corte Suprema y la Junta de Fiscales Supremos de donde salen dos de los cinco miembros del JNE. Además, el CNM elegía al jefe de la ONPE. Para controlar la elección del 2000 le bastaba con comprar dos vocales más del jurado (cosa que hizo) y repartir coimas a los dueños de la televisión. Estrategia en escalera y silenciosa.

No le fue sencillo. Fue una operación que demandó unos tres años y encontró un gran obstáculo: el Tribunal Constitucional no iba a permitir una segunda reelección inconstitucional. A Montesinos solo le quedaba mandar a destituir a tres miembros del TC y colocar otros afines. Para eso solo necesita de una mayoría en el Congreso, que también controlaba. Lo logró, pero quedó al descubierto.

Las elecciones del 2021 comparadas tantas veces con las del 2006 o las de 1990 han terminado muy parecidas a las del año 2000. A estas alturas ya está claro que al fujimorismo lo que vote la mayoría del país le resulta irrelevante. Lo que necesita es controlar ciertos circuitos del poder para impedir que Pedro Castillo llegue a ser presidente. El método es el mismo, pero tiene enormes dificultades. Primero, controlar el JNE y la ONPE no es posible.

Golpeadas ambas instituciones, están resistiendo el embate jurídico, la presión parlamentaria y la violencia física. Segundo, las Fuerzas Armadas permanecen, por ahora, leales a la democracia, pero la carta (no firmada) de un grupo de sus exintegrantes revela una tentación golpista que parecía superada luego de la debacle de Montesinos. Tercero, no controlan el Tribunal Constitucional. En casi todo lo que importa han tenido dos a tres votos de siete. No basta.

¿Cómo superar estas barreras? Lo primero es conseguir aliados. Han surgido de los lugares más impensados. Los “defensores de la democracia contra el comunismo” no reconocen un resultado electoral. Básicamente élites limeñas, algunos con malicia, otros engañados por un pseudo derecho electoral que proclama nulidades de miles de votos, donde eso es jurídicamente imposible. ¿Es posible tanta contradicción? La línea que separa la consecuencia de la oscuridad siempre es la del miedo.

El delirio paranoico es irreal, pero la angustia nunca lo es. La justificación de todos los golpes y de todos los crímenes es siempre un supuesto bien mayor. Vencer al comunismo es la justificación última y total. Ese, el fin, justifica todos los medios y todos los miedos.

Así, vencidos en el sistema electoral, solo queda recurrir a un Congreso de probada vocación golpista, lamentablemente aún no sancionado como merece. El plan es simple. Destituir a la mesa directiva (lo que incluye al presidente Sagasti) e imponer una elección de nuevos magistrados del TC a la carrera, cosa que Mirtha Vásquez está resistiendo heroicamente. Les basta con poner dos cómplices de la conjura. A la par, un acólito pone una acción de amparo pidiendo la nulidad de la segunda vuelta para que esta llegue a toda velocidad al TC reconstituido a la medida de los golpistas. ¿Es posible? Sí lo es. Los tiempos juegan en contra y Castillo será proclamado antes, pero el plan da para correr a impedir la juramentación del 28 de julio.

Si lo logran, estos émulos de Montesinos habrán desencadenado un infierno sobre estas tierras. Ese enfrentamiento sí será real y la angustia, ahora sí, una emoción precisa. Mientras tanto, Castillo, el hombre que jura no ser comunista, menos marxista-leninista, termina siendo el personaje de la novela de Mario Vargas Llosa, el desdichado presidente de Guatemala que no pudo convencer de su moderación. Tiempos recios nos esperan si los golpistas vuelven a tener éxito, como tantas veces en la historia del Perú.

grupo larepublica