Opinión: “El Perú es un enfermo que no quiere curarse”

Somos uno de los desafortunados doce países que firmó contratos con la empresa brasileña Odebrecht y aceptó sobornos por medio de autoridades corruptas. Más de cien millones de dólares en beneficio a dicha compañía y un mar de conflictos a nuestro bolsillo. Desde 1979 Odebrecht ha encabezado en el Perú la construcción de proyectos en diferentes sectores y se la ha reconocido por su participación en obras de gran interés nacional.

Tengo que admitir que cuando me enteré sobre los espectáculos políticos que se estaban dando tras las bambalinas tuve que correr hacia mi televisor para degustar de su actuación, lo que no supuse es que encontraría tremendas ratas en los camerinos.

Desde el expresidente Pedro Pablo Kuczynski hasta el ahora “difunto” Alan García; acompañados del prófugo Alejandro Toledo y de la lideresa del partido de Fuerza Popular; además pronunciaban a Nadine y su “cosito”, pero sobre todo a la infaltable ex alcaldesa Susana Villarán y su elegante revocatoria llena de falsedades y de manotazos de ahogado. Ellos son el orgullo nacional si se habla de desastres políticos, sociales y económicos.

El pueblo en algún momento depositó su confianza en estos líderes sin sangre. Pero, mientras ellos viajaban y cerraban contratos debajo de la mesa, las personas en Poma y en Chungui; pueblos olvidados del país, se mueren de hambre. Esa actitud fría y poco empática es repugnante desde cualquier punto de vista que traten de verlo. Son portadores del virus de la corrupción que nuestro decadente Perú ha venido arrastrando por años, por décadas, por siglos.

Para dejarlo más claro citaré al erudito y autodidacta César Hildebrandt que dice:

“El Perú es un enfermo que no quiere curarse”.

Y claro que es un enfermo que no desea la cura, porque seguimos eligiendo mal, porque el nivel educativo sigue siendo una estafa, porque las personas se engañan entre ellas mismas y ya no importa la vergüenza, solo interesa sobrevivir. El corrupto elige al corrupto y el pueblo se olvidó de sus derechos y de su poder. La única cosa que sabemos es que no podemos mirar más allá de nuestras narices y se aprovechan de nosotros. Somos como carneros sin un buen pastor, solo seguimos a quién va a la cabeza y ese alguien nos guía siempre a la cueva del lobo.

Y nos preguntábamos ¿porqué hay tanta pobreza en nuestro país? Nuestros líderes se alimentan de la mejor manera mientras nosotros mendigamos migajas, se llenan los bolsillos con dinero sucio y nos engañan con fachadas bonitas y promesas falsas, nos roban y sobornan como si fuese un juego de niños y por supuesto nunca hacemos nada para cambiarlo.

Entonces, ¿A dónde iremos a parar? Seguiremos en ese banco de oro sentados observando cómodamente como nuestro país se destruye con cada mala decisión. Perdónanos Castilla, perdónanos porque sinceramente no sabemos lo que hacemos.

Redacción: Juan Pablo Maco Signori