Oficina, nuestro dulce hogar

No nos lo propusimos, pero aquí estamos. Aunque las estadísticas hablaban de incrementos en la productividad, las empresas peruanas pensábamos que el home office no era para nosotros.

Pero llegada la pandemia del coronavirus (covid-19) no nos quedó otra alternativa que migrar nuestros escritorios y computadoras a la habitación, la cocina, la sala o algún improvisado escritorio. Y sobrevivimos. Pero no solo eso. Encontramos que las estadísticas se quedaban cortas en relatar los beneficios de esta modalidad. 

De acuerdo con la Universidad de Stanford, el home office aumentaba la productividad en 13%; y según el reporte de PGi en el 2014, el 82% de trabajadores sufría menos niveles de estrés. Aplicado a la realidad peruana y más precisamente a la limeña, sobrepasa las expectativas.

Nuestros trabajadores, debido al tráfico limeño, perdían un promedio de tres horas al día en desplazarse a la oficina. Además, incurrían en gastos adicionales de transporte y comida fuera de casa, que solían elevarse hasta el 20% del salario.

Esta situación ha hecho que encontremos, en medio de la crisis sanitaria por el covid-19, algo positivo.

El home office funciona y mejora nuestra calidad de vida de manera radical.

Como muchas empresas, pensamos que esta situación sería pasajera. Y probablemente, no nos desharemos de nuestras oficinas por completo.

Pero sí pensamos que cuando podamos regresar a la oficina, el home office se quedará con nosotros, al menos de manera parcial.

Enfocaremos nuestros recursos en lograr que la mayoría de las personas que trabajan con nosotros laboren desde casa, a fin de apoyar la descentralización del trabajo y así crear una fuerza laboral capaz de desempeñarse desde cualquier lugar.

De esta manera, no solo conseguiremos entrar en las estadísticas de mejora de productividad, sino que también procuraremos que nuestros trabajadores alcancen un mejor balance entre su vida profesional y personal. Algo que está mucho más de acuerdo con las necesidades de las nuevas generaciones.

Sin duda, el home office no podrá ser para todas las posiciones. Así como tampoco lo será para todas las personalidades. Esto también supone un cambio en los perfiles que se buscan, se valorará mucho más el sentido de responsabilidad y compromiso que antes.

También será indispensable la creación de nuevas formas de medir el trabajo desarrollado, de manera que los objetivos sean monitoreados de manera constante.

La modernidad no llegó con robots, sino que ha supuesto la vuelta a la hogar.

Fuente: El diario de Jhon Ney