Hambre emocional: Lo que se esconde tras el sobrepeso y la obesidad

Comer compulsivamente cuando sufrimos ansiedad; compensar la tristeza con dulces; asaltar el frigorífico y darnos un atracón… Conductas emocionales que influyen en el sobrepeso y la obesidad. Una dieta no es suficiente para bajar de peso si no se tratan también las emociones, según el psiquiatra Javier Quintero.

La D.I.E.T.A que analiza las emociones

Los años de investigación del equipo de Quintero en la relación que tienen los diferentes trastornos de conducta y el sobrepeso y obesidad se han materializado en una herramienta, la D.I.E.T.A.

Se trata de una evaluación de los aspectos emocionales mediante la contestación de un cuestionario que cualquier persona puede acometer a través de la web de este equipo, y conocer el perfil emocional del interesado.

Se analizan cinco dimensiones: D (desorganización); I (impulsividad); E (emocional); T (traumática) y A (adictividad) en diferentes niveles.

“Lo normal es que una o dos de las dimensiones sean las que se disparan y generalmente crean el problema” que lleva a comer descontroladamente y a engordar de forma insana, explica Quintero.

La D se refiere a una desorganización del estilo de vida que lleva a ejecutar hábitos poco sanos; la I se refiere a la impulsividad a la hora de comer, a la ausencia de autocontrol; la E es la emoción (que tiene dos partes: una relacionada con la ansiedad y otra con la depresión); la T es haber vivido una experiencia traumática; y la A es la adicción a la comida.

Sobre la adicción a la comida el especialista explica que determinados alimentos, en general los hidratos de carbono y los azúcares, unido a determinados hábitos de alimentación, pueden provocar una activación intensa y rápida de la dopamina, una hormona que regula el placer y todo lo que lo activa tiende a repetirse, creando una necesidad de comer para activar ese mecanismo de recompensa.

“En las personas con sobrepeso y/o obesidad se encuentran con mucha frecuencia problemas emocionales, cognitivos y/o psicológicos, que definen su patrón de alimentación. En general se producen dos tipos de problemas; los primarios (aquellos que actúan como desencadenantes y/o agravantes del sobrepeso) y los secundarios (repercusión del impacto que el exceso de peso puede tener, jugando entonces como un factor de cronicidad y ensombreciendo el pronóstico)”, explica somoscomocomemos.com.

Comer con cabeza

Más de 400 pacientes han sido evaluados en estos años de investigación: “El 80% de los pacientes con sobrepeso y obesidad tienen un trasfondo emocional”, apunta este especialista.

Para el doctor Quintero, los mensajes para prevenir el aumento en las tasas de sobrepeso y obesidad “no llegan a la población” que “come mal y más de los que debe” en una vida “tremendamente sedentaria” por lo que hay un claro desequilibrio entre ingreso y gasto.

“Hay mucho endocrino que aboga por comer con hambre pero yo abogo por comer con cabeza. Comer con hambre es una espiral que llega a confundir ansiedad o tristeza con hambre. Comer con cabeza es hacerlo de forma planificada, cinco veces al día, sin saltarse ninguna”, señala el psiquiatra quien concluye: “Con cabeza somos capaces de entender las emociones y buscar la solución” .

Vía Efe