EL OTRO FRAUDE

Independientemente de las simpatías o no que podamos tener hacia Julio Guzmán, sorprende que la víctima del fraude electoral el 2016 haya sido él y no Keiko Fujimori, como casi nos lo hizo creer la susodicha a buena parte de los peruanos, a juzgar por la vehemencia con la que se propuso tumbarse a como de lugar el gobierno de PPK, furiosa, por considerarse despojada de la Presidencia de la República.  

Resulta que la mafia “Cuellos Blancos Electorales”, así bautizada por el propio Guzmán, adepta al fujimorismo, alcanzó a sobornar miembros titulares del Jurado Nacional de Elecciones para sacar de carrera al candidato del Partido Morado cuando figuraba segundo en las encuestas y era previsible que derrotara fácilmente a la Fujimori en segunda vuelta.

Es importante, a estas alturas, detenernos a reflexionar sobre las consecuencias de estos hechos. ¡Son 5 años perdidos! Y no solo porque perdimos la oportunidad de contar con un mucho mejor gobierno, sino porque el quinquenio que ya acaba, fuera de la indeseada pandemia del Covid-19, escribirá para la historia una de las páginas más oscuras de nuestro devenir republicano, caracterizada por el más absoluto sabotaje del Congreso al Poder Ejecutivo, deteniendo así la marcha del país.

De esta manera, al fujimorismo, no le bastó robarnos una democracia en 1992, que hasta hoy no hemos vuelto a encontrar, con todas sus taras, el tema es que no la hemos vuelto a encontrar. Ahora nos ha robado 5 años de gobierno, de administración, de planificación de cualquier cosa, completitos. Quienes se han situado al frente del Estado han tenido que arreglárselas como han podido, hasta cerrando un Congreso, a ver si así dábamos algunos pasos adelante. Pensar que hay quienes todavía no lo entienden, o será que viven del entorno de la corrupción y del patrimonialismo.

En un país donde creíamos haberlo visto todo, las mafias enquistadas en nuestra política nos sorprendieron una vez más en toda su miseria y maledicencia, al comprar la separación de Julio Guzmán de las elecciones presidenciales de 2016. Mi solidaridad con él, claro está, y con los morados, a ver si ahora me salen otra vez con la cansera de la infidelidad, ¿Bill Clinton les dice algo?

No pues, definitivamente no, no vivimos en el país de las maravillas porque ese país no existe, ni existirá. Pero en el menú político del 2021 solo veo un candidato preparado y honesto, y solo una organización política digna de llamarse tal que ha logrado formar y reunir a los mejores y más capacitados cuadros para la gestión y administración del Estado. 

Por ello, sin militar en él, hace un tiempo vengo apoyando al Partido Morado. Es mi apuesta, siempre creo que es importante apostar en este país que, mas bien, sí se parece al de las oportunidades perdidas. El balcón de la neutralidad “tirapedrera” es insulso y fácil en un Perú cuya utopía republicana tiene tanto de distópica. ¿La haremos realidad algún día?

FUENTE: LA MULA