El Madrid se acostumbra a los petardazos

El Madrid no está para partidos sin gloria. Después de dar un golpe de autoridad y fútbol en Milán volvió a la versión débil y despistada del conjunto blanco. Recibió dos tantos en dos errores puntuales, pero pudo llevarse alguno más al exponerse a las contras. Es imposible aspirar a un título sin regularidad ni solidez y se está acostumbrando a las derrotas. Lo peor es que lo intenta, pero no le llega. Por cierto, esta vez el arbitraje fue dañino para los blancos, pero no sirve como coartada. El Alavés fue mejor, funcionó como bloque y aprovechó las concesiones blancas. Justo vencedor.

Le costó al Madrid entrar en calor después de un duelo de alto voltaje bien resuelto. Regresó Casemiro al once, pero no se notó de inicio en el balance defensivo, con superioridad clara de los atacantes vitorianos. La torrija blanca comenzó con una cesión de Marcelo muy defectuosa, sin presión ninguna, que acabó en córner y, de resultas de ese lanzamiento, Nacho cometió penalti. Sin discusión. Transformó Lucas Pérez. No fue la única concesión. En dos contras pudo sentenciar el Alavés, con una doble pifia de Nacho y Courtois que no aprovechó Rioja, y con un mano a mano de Lucas Pérez que el meta belga salvó por intuición. Con la mano, impecable.

Zidane no rotó esta vez demasiado, en eso no habrá crítica ni debate. Metió a Marcelo para dar un respiro a Mendy, y era lógico, y mantuvo a Mariano junto a Asensio y Hazard. Al Madrid le costó atacar a una defensa organizada, sello de los equipos de Machín, pero tenía a un ariete como referencia que liberaba al belga. En una incursión remató desde lejos, despejó frontal Pacheco y Eden se fue en vertical a la portería. Le interceptó Duarte, que rozó la pelota y zancadilleó al 7. Cuándo aprenderemos que tocar el balón no exime de cometer falta. Pareció penalti en directo y también en diferido. Fue lo último destacable que hizo Hazard, víctima de otra lesión, esta vez muscular. El belga de cristal.

Entró Rodrygo, y el Madrid subió la velocidad de balón, con los extremos situados a pierna natural. Pudo marcar Mariano, capaz de cabecear un ladrillo si se lo tiran al área. Y Pacheco evitó que Kroos, en una doble ocasión clamorosa, igualara el marcador. Dos paradas extraordinarias, precedidas por una falta clarísima de Rodrygo que no señaló Cordero Vega. El colegiado cántabro ya venía despistado, y es entendible que siguiera la jugada de Asensio mientras Laguardia agarraba del pelo en el área a Marcelo. Aunque estaba muy cerca. Tiene el beneficio de la duda. En el VAR, González González se inhibió de mala manera. Espléndida ocasión para que clamen los que acusaban a árbitros y vídeárbitros de beneficiar a los blancos.

El Madrid trató de mantener la intensidad ofensiva, con un buen centro de Asensio al que no llegó Mariano por poco. Todo se fue por el desagüe con un error de Courtois. Ya había cometido el pecado en el primer tiempo de despejar hacia el centro con el equipo en salida, pero no aprendió. Cedió Varane, controló el meta y en lugar de sacar por banda buscó el pase a Casemiro, en el medio. Lo intuyó Joselu y anotó a puerta vacía. 0-2. Un mundo para un equipo sin peso en las áreas.

En realidad tuvo suerte el Madrid de no encajar mayor castigo, y de no jugar en el Bernabéu. Lucas Pérez se escapó de nuevo en solitario. Courtois sacó una mano abajo imponente, porque es portero, no medio centro ofensivo. Y Joselu remató cerca de la escuadra una contra ganada por Lucas Pérez en la porfía con Varane, blandísimo. El caso es que el Alavés no remató el partido pese a las facilidades blancas. En medio del naufragio, Lucas Vázquez se ha convertido en un asidero para los blancos. No dejó de insistir por banda derecha, esta vez como lateral diestro. Se hartó a servir centros venenosos que exigían a la zaga vitoriana. Entraron VInícius, Isco y Odegaard. En el arreón blanco cayó al fin un tanto, de Casemiro a bocajarro tras remate de Vinícius que sacó como pudo Pacheco. Y con mucha suerte pudo empatar, con un remate de Isco al larguero sobre la hora. No lo mereció.

Fuente: marca.com